LA IMPORTANCIA DE LA PÉRDIDA DE PELO A LO LARGO DE LA HISTORIA.

Alopecia, el término médico para definir la pérdida de pelo, es de origen griego y la traducción literal significa “zorro”. Se refiere a la piel sarnosa de este animal salvaje que se caía en forma de placas. El pelo crece casi en todas las partes del cuerpo con excepción de los labios, las palmas de las manos y las plantas de los pies

Los estadounidenses conocen la importancia de la pérdida de pelo gastan más de 7500 millones de dólares al año intentado luchar contra este mal con fármacos, cirugía, cosméticos y sustitutivos no quirúrgicos del pelo. En micro injerto capilar invierten cerca de 1200 millones de dólares.

Testimonios históricos de la importancia del pelo

Edad de piedra: Descubrimiento de un peine fabricado con madera de boj en una tumba, con una antigüedad de 10.000 años. Se encontraron muchas cabezas adornadas con huesos y plumas. 

Egipto: Las estatuas, las tumbas de las pirámides y las pinturas de las cuevas que datan de hacen 5.000 años ponen de manifiesto la importancia que se daba al pelo y destacan la importancia de los cabellos.

 

 Los romanos: Lucharon contra la pérdida del pelo desde el comienzo del primer milenio, como César, que llevaba una corona de laurel para esconder su alopecia. Él instituyó la práctica de cortar el pelo del enemigo como signo de sumisión. También en Roma, las prostitutas eran autorizadas, castigadas y obligadas por ley a teñirse el pelo de rubio o a llevar una peluca rubia.

 

Edad de las tinieblas: La reina Clotilde de Gaul (554 d.C.) permitía que sus nietos fueran asesinados  por la espalda de sus enemigos antes de permitir que se les cortara el pelo. Durante este periodo seguirían conociendo la importancia de la pérdida de pelo.

El Renacimiento: Se describen frecuentemente mujeres que cubrían su pelo o utilizaban una red o una tela para recoger el pelo largo en la nuca, lo que llamaban balzo. Los hombres y las mujeres ingresaron a llevar pelucas, una moda que popularizó la reina Elizabeth I. En las tragedias de Shakespeare, la pérdida de pelo era un reflejo de inseguridad.

Siglos XVII y XVIII: El rey Luis XIII de Francia cubrió su calva con una “gran peluca” que fue volviéndose más extravagante y exagerada con el paso del tiempo, cuando sus súbditos se unieron a la moda. El primer salón de mujeres peluquería) apareció en Francia en 1635, 1.300 años después de que apareciera el primero para hombres, que se llamó muy adecuadamente el “Champagne”.

Las colonias de América: En 1655 el presidente de Harvard en su discurso de presentación reiteró que el pelo largo estaba prohibido y que no sería “legal que nadie llevara el pelo largo, mechones o copetes” o que “utilizara tirabuzones, rayas, o se empolvase el pelo”.

A comienzos del siglo XX: Se popularizó el pelo corto en las mujeres, y más de 2.000 mujeres al día se cortaban el pelo por encima de lo hombros pero tapando la nuca para llevar “melena”. La universidad de Arkansas anuncia que algunos experimentos han demostrado que el pelo mas largo era un signo de inteligencia femenina. Madame C. J. Walker, la primera millonaria afroamericana, introduce los productos de cuidado del pelo para negros.

 

A finales del siglo XX: En 1989 la FDA (Administración de Drogas y Alimentos en EEUU) revisa 300.000 productos de venta sin receta médica que dicen crecer, recuperar o salvar el pelo. Se demostró que todos estos productos eran ineficaces y “no especialmente seguros y/o eficaces”. Sólo hay dos fármacos aprobados por la FDA para el tratamiento de la alopecia (pérdida de pelo): el minoxidil (tópico) aprobado en 1988, y la finasteride (oral), aprobado en 1998.

 

 

DR. JOSÉ CÓRDOBA CAMPOS 

CIRUJANO PLÁSTICO.


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