TONSORES CORTAR EL PELO Y LA BARBA EN LA ANTIGUA ROMMA.

TONSORES CORTAR EL PELO Y LA BARBA EN LA ANTIGUA ROMMA.

No solo era el cuidado del cabello parte del aseo matinal del romano, sino también el arreglo de la barba y la aplicación de distintos productos que le hiciera presentar el mejor aspecto durante sus actividades cotidianas. Los romanos que podían permitirse el lujo de tener uno o más tonsores ( barberos y peluqueros ) a su servicio delegaban en ellos esta función y, si llegaba el caso, se ponían en sus manos varias veces al día .Los que no podían permitirse el lujo de tener un tonsor doméstico entraban en una de las incontables tonstrinae ( barberías ) establecidas en las tabernae ( tiendas ) de la ciudad, y para los clientes más pobres había tonsores instalados en la vía pública.

 

 

 

 

 

 

 

El primer barbero de la historia.

 

 

 

Seneca deja un testimonio de lo que podría ser el paso de un ciudadano por una barbería criticando el hecho de que uno se preocupe más por su aspecto físico que por lo que acontece en la sociedad en la que vive.

El local ocupado por una barbería pública estaría  rodeado de bancas en las que esperaban su turno los clientes. Dentro el cliente se sentaba en un taburete, mientras el tonsor y los ayudantes ( circitores ) iban cortándole el cabello o arreglándoselo según la moda del momento, que venía determinada por la imagen del emperador reinante.

 

 

Navaja romana.

 

 

 

 

Los cortes de pelo se hacían con una tijera de hierro ( forfex ) de hojas separadas, contenían unos anillos de presión en su base. Su huso provocaba los llamados ( trasquilones ) . Para conseguir el cabello rizado artificialmente se ayudaban del calamistrum, que los coniflones ponían a calentar en los rescoldos dentro de una funda de metal para que luego el tonsor lograra los rizos que el cliente deseaba.

El hierro para rizar el cabello ( calamistrum ) tiene su denominación porque con estos objetos, calentados en ceniza, se adorna el cabello. Quién lo manejaba, a partis de cenis ( ceniza ) fue denominado cinerarius( peluquero ).

Otra tarea cotidiana del tonsor era la de afeitar o recortar la barba. Desde la Magna Grecia se introdujo el hábito del afeitado en Roma hacia el año 296 a.C con la llegada de los primeros tonsores, y se sabe que ya Escipión Emiliano se hacía afeitar todos los días.

Ningún romano se afeita solo, ya que el tosco material y la poca experiencia condenaba a todos a ponerse en manos del ¨experto ¨ tonsor No se tiene conocimiento de que se utilizara loción o jabón, solo agua, por lo que se hacía insprencisdible que el tonsor estuviera dotado de una destreza poco común. Tras un aprendizaje obtenía permiso para abrir su propia tonstrina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las navajas barberas ( novaculae ) y los cuchillos que también usaban para afeitarse y cortarse las uñas eran de hierro, y se afilaban en una piedra, laminada, originaria de Hispania.

 

 

 

 

La primera vez que un joven se ponía en manos del tonsor se celebraba una ceremonia religiosa: la depósito barbae, que se realizaba alrededor de los 20 años. El día de la depósito barbae, el tonsor cortaba con unas tijeras la barba primera  ( lanugo ) que posteriormente se ofrecía a los dioses y se guardaban en recipientes de cristal o de oro incluso y este ritual marcaba el paso definitivo a la madurez.

 

 

 

 

 

 

Los jóvenes elegantes solían llevar una barba cuidada ( barbula ) hasta los 40 años como señal de juventud; llevar la barba a partir de esa edad era signo de desaliño, de duelo o calamidad.

Algunos romanos antes de someterse a la tortura del tonsor preferían ponerse en manos del dropacista, especialista en depilar con dropax, un ungüento depilatorio compuesto de resina y pez.

Los hombres romanos también se sometían a la depilación de otras partes del cuerpo para mostrar una piel suave. Dedicaban gran parte de su tiempo a mejorar su aspecto y seguir las tendencias de la moda en cuanto al peinado y el huso de perfumes.

 

 

 

 

 

 

Ovidio aconsejaba a los jóvenes cómo debían cuidarse para atraer a sus amantes, despreocupándose de lo superficial, como era rizarse el pelo o quitarse el vello pero recomendaba buscarse un buen barbero ¨tonsor ¨.

Algunos autores, como Tertuliano, criticaron la  dedicación que los hombres dedicaban al Cuidado de su cuerpo.

 

 

 

 

 

 

¨Así , pues, el corte de pelo no debe de hacerse en aras de la belleza, sino por circunstancias, el de la cabeza, para que, cuando crezca, no descienda , hasta impedir la vista y asimismo, también conviene cortar los pelos del bigote, pues se ensucian al comer; no con navaja de afeitar, pues es una acción baja, sino con las tijeras de barbero

 

 

 

 

 

; deben dejarse en paz los pelos de la barba, ya que, lejos de causar alguna molestia, contribuyen  a dar  un aspecto solemne que produce admiración.

El carácter supersticioso del pueblo romano se manifiesta también en las actividades más cotidianas, como la de lavarse el pelo o cortarse la barba, que se asimilan también a la protección de distintos dioses, y que, incluso en época cristiana todavía se relacionan con divinidades paganas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Antología latina se encuentra un corto epígrafe que aconseja cuando realizar esas pequeñas actividades cotidianas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¨Mercurio siempre requiere uñas largas y no permite que a los dedos se le achiquen sus armas

La barba es ornato de Júpiter y la melena de Venus:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

luego es forzoso que no quieran que se corte, aquello de lo que tanto cada cual se ufana .

De los objetos utilizados por el tonsor  ( innstrumenta  tonsorae ) hay varias descripciones en la literatura. Como ejemplo, el siguiente epígrafe describe los objetos depositados por un barbero griego que quiso dejar su profesión y convertirse en un filósofo, pero tuvo que volver a su anterior trabajo. Estos incluyen útiles para cortar el pelo, afeitar la barba y limpiar las uñas.

El espejo era un elemento imprescindible para los tonsores, ya que permitía ver a los señores ver el aspecto final que tenían tras pasar por sus manos. Se depositaba junto al pelo cortado en las ofrendas que se hacían a los dioses al comenzar la edad adulta. En el siguiente epígrafe de Marcial es el favorito de Domiciano, Earino, al que realiza su ofrenda a Esculapio.

 

 

 

 

 

¨Este espejo, consejero de su hermosura, y estos suaves cabellos los ha depositado como sagrados presentes para el dios de Pérgamo aquel niño más grato a su dueño en todo el palacio, el que con su nombre señala la época de la primavera. ¡ Dichosa la tierra con tal presente! No preferir tener la cabellera de Gamímedes.

Esta entrada actualiza y amplía la anterior Tonsor, el aseo del hombre romano.

DR. JOSÉ CÓRDOBA CAMPOS.

CIRUJANO PLÁSTICO. 

MIEMBRO DE LA SECPRE

 

 

 


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